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Eine Übersetzung... über das Übersetzen (Traductologie)

Letztes Jahr, genauer gesagt Ende Oktober letzten Jahres, hat die Gruppe meines ehemaligen Sprachinstituts in ihrem Blog erneut einen kleinen Beitrag von mir publisziert, in welchem ich kurz über die TARDIS vom Doctor Who und die Arbeit der Übersetzer und Dolmetscher im Rahmen der relativ neuen Wissenschaft der Traductologie nachdachte.  

Der folgende Artikel über die Traductologie, 2007 von einer russischen Professorin geschrieben, war eine der Quellen, die ich für meinen Aufsatz gesucht und nachgeschlagen habe.  Nun lege ich hier vor meine Übersetzung von diesem Artikel.

Wie immer liegen die Rechte des Artikels bei seiner Autorin.  Ich publisziere es ausschliesslich mit einem didaktischen, informativen Zweck.  Die Übersetzung war für mich eine persönliche Übung und eine intellektuelle Herausforderung.

Und nun zum Artikel:





La traducción perfecta sigue siendo una utopía

por Iekatherina Lébedeva


Voltaire, el filósofo francés, lo llevó al punto: Las traducciones, decía, son como las mujeres: o son hermosas o son fieles. La Translatología, una materia interdisciplinaria que implica a la Lingüística, la ciencia literaria y la Comparatística tanto como la Informática, la Psicología y la Neurología, se ocupa de los mucho más complejos problemas de la Traducción. Pues no basta traducir un texto palabra por palabra, se trata de salvar el "espíritu de la lengua" del original en la traducción.


Dios, en la parábola de la construcción de la torre de Babel, separó a los hombres a través de diversas lenguas. La proverbial "confusión de las lenguas" (babylonische Sprachverwirrung) remite al desvalimiento y la incapacidad para actuar que surgen por el aislamiento idiomático/lingüístico del lenguaje. Los traductores e intérpretes son constructores de puentes que unen orillas separadas -seres humanos y culturas- unos con otros. Pero, ¿cómo debe estar construido el puente para que el intercambio funcione? ¿Cómo alcanzará lo transmitido la otra orilla, y qué será recibido allí? La "Traductología" hace tales preguntas. A menudo la definición "ciencia de la traducción" sirve como sinónimo, que es impreciso, pero ya está generalizado.


Se trata de una ciencia extremadamente joven e interdisciplinaria, que surgió apenas en el siglo XX y que hasta para algunos colegas de las filologías clásicas siguió siendo un enigma. Tal es también el caso de la universidad de Heidelberg - aunque Heidelberg, junto a la universidad Humboldt en Berlín y la universidad de Leipzig, sea parte de los tres grandes centros de las ciencias de la traducción y la interpretación con proyección internacional.


La especialidad, que primeramente fue designada como "ciencia de la traducción", sólo se volvió una disciplina autónoma después de 1945. Una de las primeras revistas especializadas, "Babel", aparece desde 1955 en Amsterdam. Hasta los años 60, en Europa la traductología permaneció orientada hacia la lingüística contrastiva. Hace unas dos décadas se impuso finalmente el conocimiento de que la ciencia de la traducción y la interpretación debe, como campo interdisciplinario, incluir a la lingüística, la literatología y la comparatística. La traductología moderna también incluye a la informática, la ciencia de la comunicación, la psicología y la neurología.


A diferencia de la traductología de Europa occidental, que primero se orientó principalmente hacia la lingüística, la investigación de la traducción en la cultura rusa en los años 1920 se orientó con más fuerza hacia la literatología. La translatología de Europa occidental pudo sacar provecho de la teoría rusa: En el séquito de la "escuela formal" rusa, del estructuralismo checo y de la semiótica cultural rusa, la traductología de Europa occidental llegó en los años 60 al convencimiento de que el fundamento de la traducción no son las palabras y frases individuales, sino la totalidad, el texto.


Todo texto requiere de interpretación


Adicionalmente, el semiótico ruso Roman Jakobson trajo el punto de vista de la interpretación a la traductología. Pues todo texto depende de una interpretación, y el aporte personal que todo traductor ha de brindar es la interpretación - ella es el aporte traduccional más pasado por alto, más despreciado e incluso prohibido. En la tradición de Roman Jakobson y de los formalistas rusos, el traductor debe decidir qué es lo "dominante" de un texto, los elementos relevantes para el texto, p. ej. una determinada técnica de comprensión o también la función del texto que debe ser preservada a toda costa en la traducción. Con esa "decisión del traductor" e interpretación, a diferencia de con la fidelidad mecánica, el efecto sobre el destinatario llegó al centro de la teoría de la traducción. El lector de la traducción posee otro trasfondo cultural que el lector del original. En una copia mecánica, una traducción palabra-por-palabra, el lector con otro contexto cultural no comprendería mucho, o lo haría mucho en un sentido distorsionado.



En los años 80, el profesor Hans J. Vermeer del instituto de Heidelberg para traducción e interpretación, aportó contribuciones importantes. Con su planteamiento orientado hacia la función, la "teoría Skopos", pone énfasis en la meta (griego skopos) de la acción traductora y en el traductor como experto que es el responsable de alcanzar esa meta de manera óptima. Ese traductor debe ser experto en la cultura de partida y la de destino, y con ello en la comunicación intercultural. Las barreras de lenguaje son también barreras de comprensión, de saber y de cultura, que pueden ser superadas a través de la traducción de contextos culturales. Si se contempla al texto como parte verbalizada de una sociocultura, entonces traducir significa transferir el texto de una cultura de partida a una cultura de destino culturalmente diferente, o sea configurarla de nuevo. La incorporación cultural histórica de peculiaridades culturales en contextos interculturales es el requisito previo para la superación de lagunas comunicativas a través de la traducción. La comprensión y transferencia de un texto, junto con los conceptos de palabras y estructuras, significa abarcar lo referido como parte de una sociocultura. "Las palabras son traducidas correctamente, las palabras sucumben a éso", formuló Hans J. Vermeer a comienzos de los años 80. La investigación y mediación de normas y convenciones de las culturas de llegada y de partida así como sus estrategias para vertirlas en texto no son sólo añadido ornamental de la traducción, sino componente central de la investigación y la enseñanza de la traductología.


Europa occidental debe su civilización a la traducción


La historia de la traducción y la interpretación en las diversas épocas y ámbitos lingüísticos de la humanidad desde el reino egipcio hasta nuestro tiempo no ha sido investigada lo suficiente. En el antiguo reino egipcio se creía en los poderes sobrenaturales del traductor, que no sólo mediaba entre los hombres, sino también entre los hombres y los dioses. El más famoso testimonio de traducción antigua data de año 196 a. C. y fue hallado en Rosetta, un pueblito al oeste del delta del Nilo. La "piedra de Rosetta", que se puede ver hoy en el British Museum, está escrita en dos idiomas (egipcio y griego antiguos) y en tres formas (jeroglífica, demótica y griega). La escuela de traductores de Toledo se conoce como la primera en la que también se dictaron clases teóricas. Tras la caída de la dominación mora en Toledo (1085) los tesoros bibliográficos de allí se hicieron accesibles para los sabios cristianos, y comenzó una ola de traducciones del árabe al latín. Europa pudo así sacar provecho de las ciencias arábigas y - a través de éstas - de los logros de la antigüedad, lo que se refleja en la fundación de las primeras universidades europeas.


Los principios teóricos de la traducción se transformaron constantemente desde la antigüedad. Los traductores e intérpretes antiguos intentaban superar estética y retóricamente al original; hoy en día se trata de acercarse a la función y el efecto del original. Los trabajos de Martín Lutero (traducción de la Biblia), Friedrich Schleiermacher (traducción de textos filosóficos) y Wilhelm von Humboldt (traducción de textos artísticos) se consideran fundamentales para la traductología alemana.


Martín Lutero describió su principio de traducción en la Misiva sobre el arte de traducir del año 1530 con las famosas frases: "man mus die mutter jhm hause/ die kinder auff der gassen/ den gemeinen mann auff dem marckt drumb fragen/ und den selbigen auff das maul sehen/ wie sie reden/ und darnach dolmetzschen/ so verstehen sie es den/ und mercken/ das man Deutsch mit jn redet". ("Hay que preguntar a la madre en casa/ a los niños en la calle/ al hombre común en el mercado/ y mirar a la boca a los mismos/ cómo hablan/ y traducir después/ así lo entenderán/ y notarán/ que se habla Alemán con ellos"). El método "germanizante" de Lutero se enfocaba en la exigencia de "mirar a la boca al pueblo", al idioma de destino y a la cultura de destino. A esta estrategia de traducción también se la llama "domesticación" o "nacionalización".


Los primeros pensamientos encaminados a una "traductología" autónoma provienen de Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher, profesor de teología en la universidad de Berlín. En su artículo "Literatura antigua", publicado en 1814, exigía: "Entre nosotros las teorías están por todas partes a la orden del día, pero todavía no ha aparecido una teoría de la traducción que parta de firmes principios previos, de iguales conclusiones y llevada a cabo de manera completa (...) Sólo se han dispuesto fragmentos y, sin embargo, tan ciertamente como que hay una ciencia de la antigüedad, seguro que también debe haber una ciencia de la traducción". En su tratado "Sobre los diversos métodos de traducción" (1813), la contribución teórica más importante a la traducción en el ámbito de lengua alemana del siglo XIX, Schleiermacher abordaba problemas con los que una teoría de la traducción debería ocuparse, p. ej. con las diferentes especies de texto que plantean exigencias diferentes al traductor. Schleiermacher diferenciaba entonces entre la interpretación que se relaciona con textos de la vida comercial, y la traducción que tiene que ver con textos de las ciencias y el arte. Los textos en los que la lengua sólo es un medio para transportar contenidos planteaban otros problemas que los textos en los que la forma del lenguaje constituye una unidad de orden superior con el contenido transportado (textos artísticos). A diferencia de los textos especializados, la "realidad del texto" de los textos poéticos y filosóficos no es medible y eventualmente corregible en objetos y contenidos fuera de la realidad del texto. Por eso Schleiermacher consideraba intraducibles los textos de la ciencia y el arte.


Ese modo de ver, representado también por Wilhelm von Humboldt, ocupa a la traductología hasta el día de hoy. Según Schleiermacher, al lector se le debe hacer llegar el "espíritu de la lengua" del original, también en la traducción. La traducción, según Schleiermacher, ha de orientarse hacia la lengua del original, o sea al lenguaje y a la cultura de partida. Este método de "distanciar" (verfremden) caracteriza a "una posición de la lengua que no es solamente cotidiana, sino que también deja entrever que no ha crecido del todo libremente, sino que antes bien se ha inclinado hacia una semblanza ajena". El reproche de la "inflexibilidad" se ha de aceptar aquí, pues de otro modo el "espíritu de la lengua" de la cultura de partida no puede rescatarse en la cultura de destino.


Wilhelm von Humboldt, en el prólogo de su traducción del "Agamemnón" de Esquilo publicada en 1816, se ocupó igualmente con el distanciamiento de la traducción. Él diferenció entre "extrañeza" y "extranjero". Mientras no se sienta la extrañeza sino lo extranjero, la traducción habrá alcanzado sus propósitos más elevados; pero donde aparezca la extrañeza, y quizás incluso oscurezca lo extranjero, allí el traductor delatará que no estuvo a la altura de su original". Para Humboldt, al igual que para Schleiermacher, se trataba de la ampliación del lenguaje y de la cultura.


Los traductores viven en peligro


Hoy en día, entre los traductores literarios, hay partidarios tanto del distanciamiento como partidarios de la nacionalización. Decisivo es cuál meta (Skopos) favorezca el traductor, si quiere introducir elementos extranjeros en la cultura de destino (distanciar) y/o quiere hacer comprensibles los pensamientos del texto de partida al grupo de destino (nacionalizar). Ya que las normas lingüísticas y las condiciones de recepción están sometidas a cambios permanentes, el desafío lingüístico también cambia. Todo texto traducido porta ya en sí la invitación a la nueva traducción.


Johann Wolfgang von Goethe comparó los dos principios fundamentales de la traducción: «Existen dos máximas de la traducción: una exige que el autor de una nación extranjera sea traído hasta nosotros, de forma tal que lo veamos como nuestro; la otra por el contrario nos hace la exigencia de que nos dirijamos hacia el extranjero, y nos hallemos en sus circunstancias, su modo de lengua, sus atributos.» Ambos principios de traducción tienen algo en común. Ya sea que traigamos al autor a nosotros o nos llevemos hacia él - en todo caso debemos dirigirnos hacia la otra orilla.


Éso es riesgoso. Pues no todos los traductores alcanzan la orilla. El del traductor es un oficio peligroso, cuyos peligros formuló así el filósofo del lenguaje Martin Heidegger: «Aquí, el traductor deviene un moverse hacia la otra orilla, que apenas es conocida y está más allá de un ancho torrente. Allí fácilmente se pierde el rumbo y las más de las veces termina en naufragio.» Traducir tiene la función de un ferry o levanta un puente entre diferentes lenguas, diferentes culturas, países e incluso continentes. Para las lenguas eslavas es ante todo el puente entre la Europa oriental y la occidental.


En relación con la práctica de miles de años de edad de la traducción surgieron reflexiones que pueden considerarse una ocupación precientífica con la teoría de la traducción. Así, el poeta Christoph Friedrich Haug (1721-1829) hizo para él y para nosotros la siguiente rima sobre la traducción: «¿Saldrá bien la traducción al alemán? - No lo dudo; porque todo asesinato sale a la luz.» A Arthur Schopenhauer le parecía que la traducción fiel se sentía muerta e innatural, por el contrario, una traducción libre a menudo era una traducción equivocada. Una fórmula elegante para la disputa entre fidelidad al original y efecto estético proviene de Voltaire: Él comparaba a las traducciones con las mujeres, que, o son hermosas, pero no fieles, o son fieles, pero no hermosas. En base a experiencias filológicas y de otra índole entrevemos que, aunque es cierto que las observaciones ingeniosas tocan el fondo de un problema, éstas no reproducen toda la diversidad de la vida.


Christian Morgenstern unió una mezcla refrescante de escepticismo y esperanza en su irónica tesis: «En la animadversión exagerada contra las malas traducciones, contra las traducciones en general, yace una cierta mimosidad. Los grandes originales traslucen indestructiblemente, también de las reproducciones torpes.» También tiene un efecto alentador la sabia acotación de Goethe: «Sea lo que sea que se vea en la falencia de la traducción, ella es y seguirá siendo uno de los negocios más importantes y dignos en la esencia general del mundo.»


Goethe, él mismo traductor apasionado, no vio, como Voltaire, la pregunta fundamental de traducir en la decisión entre fiel o hermoso, sino entre literal y de sentido adecuado. En el ejemplo del prólogo del Evangelio de San Juan, Goethe analizó en el Fausto el problema como «Traductología en versos»:

Me urge abrir el texto fundamental

y con sentimiento honesto

al santo original

traducirlo a mi amado alemán.

Escrito está: «Al principio era la palabra!» (griego: logos)

Y aquí me atoro ya! ¿Quién me ayudará a seguir?

No puedo tener a la palabra en tan alta estima,

debo traducirla de otra manera.


Si por el espíritu bien iluminado estoy.

Escrito está: « Al principio era el sentido.»

Medita bien la primera línea.

¡Que tu pluma no se precipite!


¿Es el sentido el que todo ejerce y logra?

Decir debiera: ¡Al principio era la fuerza!

Pero incluso éso escribiendo

Algo me advierte que allí no puedo quedarme.


¡El espíritu me ayuda! De pronto oigo consejo

y consolado escribo: «¡Al principio era la acción!»


Con esta cita del Fausto nos hallamos en medio del problema de traducir. Demuestra la posibilidad de comprender, sentir e interpretar de forma múltiple una y la misma palabra - y que, al germanizar palabras extranjeras, es preciso buscar correspondencias que sigan menos al cascarón poco confiable, a la «palabra camaleón», sino a su vida interior, que ansíen el sentido que llena la palabra, y el espíritu que acuñó la palabra. Una palabra puede poseer diferentes significados. ¿A cuál ha de ser fiel el traductor? Ya Goethe lo señala: toda traducción es interpretación.


Por orden del Zar


La interpretación esconde peligros - para el texto y para el traductor. En el año 1546 el traductor Étienne Dolet fue quemado en la hoguera por una traducción: había puesto en boca de Sócrates las palabras de que nada vendría  después de la muerte. La universidad de París inculpó a Dollet de haber puesto en tela de juicio la inmortalidad del alma, y eso a través de palabras que no se reconocían en el original. Pero Dollet no había traducido palabra por palabra, sino en correspondencia con el sentido. Su premisa decía: «Aquellos que intentan traducir línea por línea o verso por verso son unos necios.»


Los principios de traducción de Dolet probaron ser inmortales. No sólo en Europa occidental, también en Rusia, donde fueron elevados, 150 años después de su muerte, a «orden teórica de traducción del Zar»: Pedro I. se pronunció en 1709 contra la traducción literal, porque velaba el sentido. El sentido principal de la traducción yace en familiarizar tanto al lector ruso con el contenido del original que después pueda proceder también de forma práctica. En su orden al traductor Zotov decía: « Señor Zotov: el libro sobre las fortificaciones que usted tradujo lo hemos leído y nos parece que usted tradujo bien y con tacto las correspondientes explicaciones, pero cómo se han de erigir, (...) éso permanece en la oscuridad e incomprensible (...) en la traducción no debiera permanecer preservada palabra por palabra, sino que el sentido debe ser comprendido exactamente y ser representado en nuestra lengua tan comprensible como sea posible.» La traductología llama hoy a eso «traducción orientada hacia la meta», u «orientada hacia la función».


Los trabajos de investigación actuales de nuestro seminario se ocupan entre otros con los problemas básicos de la traducción literaria y cultural. Ya que los problemas culturales de la traducción a menudo resultan de diferencias entre las culturas de partida y destino, unimos la investigación sobre la traducción literaria con la imagología, el examen de las imágenes propias y ajenas de las culturas, que marcan nuestro encuentro y nuestro trato con textos foráneos y sus traducciones. La investigación de procesos de traducción, fenómenos culturales, formación de identidad y de estereotipos, imágenes propias y ajenas de las culturas en las que se reflejan experiencias históricas y actuales de encuentros interculturales entre la relación con la tradición y la modernización, estimula el diálogo intercultural. ¿Cómo funciona la construcción de identidad nacional en tanto afinidad a conceptos culturales y civilizatorios foráneos y/o como su rechazo? ¿Sirven términos que recuerdan la noción de cultura hegemónica como «europeización», «westernization» u «occidentalización» para describir la complejidad de los procedimientos de la traducción? Estas investigaciones han de esclarecer las relaciones de la interpretación así como de la traducción lingüística y cultural. Toda traducción presupone la interpretación de textos y culturas: la traducción es cultura, y la cultura es traducción. A través de la traducción surge un nuevo potencial cultural, que une a la cultura de partida con la cultura de destino. En el estar relacionado con otras culturas se encuentra una característica fundamental de toda cultura que puede por consiguiente ser descrita según el modelo de la traducción.



Ampliar espacios culturales


Toda cultura asimila en su desarrollo histórico traducciones de otras culturas. De allí que una historia de la cultura rusa debería funcionar como umbral duradero hacia el otro occidental con un concepto ampliado de la traducción. Junto a la traducción de diferentes tipos de texto también debe incorporarse la traslación y traducción de normas culturales, patrones de comportamiento y de vestimenta. El examen de procesos culturales de traducción abarca lo específico de una cultura, menos en el sentido de una recolección positivista de datos y hechos o una clasificación ideológica, sino bajo el aspecto de una reconstrucción histórica comparativa de patrones de consciencia y comportamiento colectivos en su limitación social y su particular expresión simbólica.


Los intentos de europeización de Pedro I. pueden interpretarse como un ejemplo notable de traducciones culturales de Europa occidental hacia Rusia. Él impuso a Rusia un programa draconiano de modernización, que importó elementos europeos occidentales para recuperar a Rusia de su retraso técnico civilizatorio. Pedro I. hizo encargos de traducción cultural. Incluso la capital rusa fue «trasladada» al golfo de Finlandia. Un ejemplo más de esa traducción cultural represiva es la traducción oriental de un estándar europeo occidental de vestimenta y corte de cabello impuesto por Pedro I.: El porte de una barba simbolizaba la cultura de la iglesia ortodoxa de la época anterior a Pedro I. Por eso penalizó por ley el porte de barbas como señal del atraso de Rusia. Si los nobles rusos no se mostraban dispuestos a dejarse rasurar la barba, llegaba el propio Pedro I. a recurrir a las tijeras, para obligar por la fuerza al retrógrado «indispuesto a la europeización» al progreso sin barba. La prohibición de barbas bajo Pedro I. se convirtió en el símbolo ruso para la transferencia cultural violenta. A la mayoría de los europeos occidentales, la mundialmente famosa barba tupida del escrito Lev Tólstoi les parecerá simplemente un extraño exotismo, o en el mejor de los casos un atributo de hermosura masculina. Pero los conocedores de la historia cultural rusa comprenden la salvaje barba de Tólstoi como símbolo cultural semiótico de la resistencia contra una tradición cultural represiva del oeste hacia el este.


Wilhelm von Humboldt llevó al papel un importante pensamiento guía para el tema de la traducción cultural: «La diversidad de las lenguas no es una de signos, sino una diversidad de visiones del mundo (...) De allí que el aprendizaje de una lengua extranjera debería ser la ganancia de un nuevo punto de vista en la visión del mundo hasta ahora...»


Las traducciones, a pesar de los amenazantes naufragios interculturales , pueden reunir orillas separadas unas de otras. Las traducciones son capaces de superar abismos, muros y fronteras, ya sean de naturaleza política, geográfica, histórica, económica o ideológica. Traducir es una actividad peligrosa, pero poderosamente efectiva. Para la traducción hermosa y al mismo tiempo fiel, la divisa es la que vale para todos los ideales y utopías: apenas sí se la puede hallar en estado puro. La teoría de la traducción lo formula muy secamente: «En la misma manera que la comprensión de un texto nunca puede ser absoluta, sino siempre relativa y cambiante, así la traductibilidad de un texto siempre es relativa.»


Todo problema de traducción resuelto, por muy aproximado que sea, disminuye el grado de la intraductibilidad y es un paso en el camino a la utopía de la transmisión perfecta del original, hacia la tanto teórica como prácticamente imposible «traducción ideal». La traductología moderna refuerza al traductor y también al intérprete en tanto autónomo, consciente de sí mismo y de su responsabilidad, que redimido del «fetiche de fidelidad» sirve al original, pero no se somete a él como esclavo. Esa manera de ver autónoma la refleja un libro del profesor de semiótica, autor y traductor italiano Umberto Eco, que con ello ha logrado tender un raro puente entre la teoría y la práctica de la traducción. El libro genialmente traducido al alemán lleva por título: «Casi lo mismo con otras palabras - Sobre la traducción».


La Prof. Dra. Yekaterina Lébedeva estudió eslavística, romanística, anglística, ciencias de la traducción, la interpretación y la literatura en la Humboldt Universität en Berlín. Hizo su doctorado sobre el significado cultural de la lírica guitarrística en los siglos XIX y XX, traduce poesía, prosa y dramaturgia rusas para editoriales y teatro y su habilitación en la universidad europea viadrina en Francfort del Oder fue sobre el tema «Eslavofilia rusa del siglo XIX como fenómeno cultural». Desde el año 2004 detenta la cátedra de traductología del ruso en el seminario para traducción e interpretación de la Universität Heidelberg.

 

 

Und - für interessierte das Original in deutscher Sprache:

 

 

Die vollkommene Übersetzung bleibt Utopie

von Jekatherina Lebedewa

Der französische Philosoph Voltaire brachte es auf den Punkt: Übersetzungen, meinte er, seien wie Frauen: entweder treu oder schön. Mit den weitaus komplexeren Problemen des Übersetzens beschäftigt sich die Translationswissenschaft, ein interdisziplinäres Fach, das Linguistik, Literaturwissenschaft und Komparatistik ebenso einbezieht wie Informatik, Psychologie und Neurologie. Denn es reicht nicht, einen Text Wort für Wort zu übersetzen, es gilt, den "Geist der Sprache" aus dem Original in die Übersetzung
zu retten.

Im Gleichnis vom Turmbau zu Babel trennte Gott die Menschen durch verschiedene Sprachen. Die sprichwörtliche "Babylonische Sprachverwirrung" verweist auf die Hilflosigkeit und die Handlungsunfähigkeit, die durch sprachliche Isolation entsteht. Übersetzer und Dolmetscher sind Brückenbauer, die getrennte Ufer – Menschen und Kulturen – miteinander verbinden. Doch wie muss die Brücke konstruiert sein, damit der Austausch funktioniert? Wie gelangt das Übertragene an das andere Ufer, und was wird dort aufgenommen? Solche Fragen stellt die "Translationswissenschaft". Als Synonym dient häufig die Bezeichnung "Übersetzungswissenschaft", die unscharf, aber eingebürgert ist.

Bei der Translationswissenschaft handelt es sich um eine ausgesprochen junge und interdisziplinäre Wissenschaft, die erst im 20. Jahrhundert entstand und selbst für einige Kollegen aus den klassischen Philologien ein Rätsel blieb. Dies gilt auch für die Universität Heidelberg – obwohl Heidelberg neben der Humboldt-Universität zu Berlin und der Universität Leipzig zu den drei deutschen Zentren der Übersetzungs- und Dolmetschwissenschaften mit internationaler Ausstrahlung gehört.

Das zunächst als "Übersetzungswissenschaft" bezeichnete Fach entwickelte sich erst nach 1945 zur selbstständigen wissenschaftlichen Disziplin. Eine der ersten Fachzeitschriften, "Babel", erscheint seit 1955 in Amsterdam. Bis in die 1960er Jahre blieb die Übersetzungswissenschaft in Westeuropa auf die kontrastive Linguistik orientiert. Vor rund zwei Jahrzehnten setzte sich schließlich die Erkenntnis durch, dass die Übersetzungs- und Dolmetschwissenschaft als interdisziplinäres Fach die Linguistik, die Literaturwissenschaft und die Komparatistik einschließen muss. Die moderne Translationswissenschaft bezieht auch Informatik, Kommunikationswissenschaft, Psychologie und Neurologie ein.

Im Unterschied zur westeuropäischen Übersetzungswissenschaft, die sich zunächst überwiegend linguistisch ausrichtete, orientierte sich die Übersetzungsforschung in der russischen Kultur bereits in den 1920er Jahren stärker an der Literaturwissenschaft. Von der russischen Theorie konnte die westeuropäische Translationswissenschaft profitieren: Im Gefolge der russischen "formalen Schule", des tschechischen Strukturalismus und der russischen Kultursemiotik gelangte auch die westeuropäische Translationswissenschaft in den 1960er Jahren zu der Überzeugung, dass die Grundlage der Übersetzung nicht einzelne Wörter und Sätze sind, sondern das Ganze, der Text.

Jeder Text bedarf der Deutung

Der russische Semiotiker Roman Jakobson brachte zusätzlich den Gesichtspunkt der Interpretation in die Übersetzungstheorie ein. Denn jeder Text ist auf Deutung angewiesen, und die von jedem Übersetzer unbedingt zu erbringende intellektuelle Eigenleistung ist die Interpretation – sie ist zugleich die am häufigsten übersehene, unverstandene, missachtete oder sogar verbotene übersetzerische Leistung. In der Tradition von Roman Jakobson und der russischen Formalisten muss der Übersetzer entscheiden, was die "Dominante" eines Textes ist, die textrelevanten Elemente, beispielsweise eine bestimmte Verstechnik oder auch die Funktion des Textes, die in der Übersetzung unbedingt erhalten bleiben muss. Mit dieser "Übersetzerentscheidung" und Interpretation gelangte im Gegensatz zur mechanischen Treue die Wirkung auf den Adressaten in den Mittelpunkt der Übersetzungstheorie. Der Leser der Übersetzung besitzt einen anderen kulturellen Hintergrund als der Leser des Originals. Bei einer mechanischen Kopie, einer Wort-für-Wort-Übersetzung, würde ein Leser mit einem anderen kulturellen Kontext Vieles nicht und Vieles in verzerrtem Sinne verstehen.

Wichtige Beiträge leistete in den 1980er Jahren Professor Hans J. Vermeer vom Heidelberger Institut für Übersetzen und Dolmetschen. Mit seinem funktionsorientierten Ansatz, der "Skopostheorie", legt er den Schwerpunkt auf das Ziel (griechisch skopos) des translatorischen Handelns und auf den Translator als Experten, der für das optimale Erreichen dieses Ziels verantwortlich ist. Dieser Translator muss Experte für die Ausgangs- und Zielkultur und damit die interkulturelle Kommunikation sein. Sprachbarrieren sind auch Verständnis-, Wissens- und Kulturbarrieren, die durch die Translation von kulturellen Kontexten überwunden werden können. Betrachtet man den Text als verbalisierten Teil einer Soziokultur, dann bedeutet übersetzen, den Text einer Ausgangskultur in eine kulturell andere Zielkultur zu übertragen, also neu zu gestalten. Das kulturhistorische Einbetten kultureller Besonderheiten in interkulturelle Kontexte ist die Voraussetzung für das Überbrücken kommunikativer Lücken durch Translation. Das Verstehen und Übertragen eines Textes bedeutet neben dem Begreifen von Worten und Strukturen auch, das Gemeinte als Teil einer Soziokultur zu erfassen. "Die Wörter sind richtig übersetzt, die Worte gehen darüber zugrunde", formulierte Hans Vermeer zu Beginn der 1980er Jahre. Das Erforschen und Vermitteln von Normen und Konventionen der Ziel- und Ausgangskultur sowie deren Vertextungsstrategien ist nicht etwa eine schmückende Beigabe der Übersetzung, sondern zentraler Bestandteil translationswissenschaftlicher Forschung und Lehre.

Westeuropa verdankt seine Zivilisation der Übersetzung

Die Geschichte des Übersetzens und Dolmetschens in den verschiedenen Menschheitsepochen und Sprachräumen vom ägyptischen Reich bis in unsere Zeit ist bis heute nicht ausreichend erforscht. Im ägyptischen Alten Reich glaubte man an die überirdischen Kräfte des Dolmetschers, der nicht nur zwischen Menschen, sondern auch zwischen Menschen und Göttern vermitteln konnte. Das berühmteste Zeugnis antiker Übersetzung stammt aus dem Jahre 196 v. Chr. und wurde 1799 in Rosette, einem kleinen Dorf im westlichen Nildelta gefunden. Der heute im "British Museum" in London zu besichtigende "Stein von Rosette" ist in zwei Sprachen (altägyptisch und griechisch) und in drei Formen (Hieroglyphen, Demotisch, Griechisch) beschriftet. Die Übersetzerschule von Toledo gilt als erste, an der auch theoretische Vorlesungen gehalten wurden. Nach dem Sturz der maurischen Herrschaft in Toledo (1085) wurden die dortigen Bücherschätze für christliche Gelehrte zugänglich, und es setzte eine Übersetzungswelle aus dem Arabischen ins Lateinische ein. Europa konnte dadurch von den arabischen Wissenschaften und – über diese – von den Leistungen der Antike profitieren, was sich in der Gründung erster europäischer Universitäten widerspiegelt.

Die übersetzungstheoretischen Prinzipien haben sich seit der Antike beständig gewandelt. Antike Übersetzer und Dolmetscher versuchten, das Original ästhetisch und rhetorisch zu übertreffen; heute geht es darum, sich der Funktion und Wirkung des Originals anzunähern. Als grundlegend für die deutsche Übersetzungswissenschaft erwiesen sich die Auffassungen von Martin Luther (Bibelübersetzung), Friedrich Schleiermacher (Übersetzung philosophischer Texte) und Wilhelm von Humboldt (Übersetzung künstlerischer Texte).

Martin Luther beschrieb sein Übersetzungsprinzip im "Sendbrief vom Dolmetschen" aus dem Jahre 1530 mit den berühmten Sätzen: "man mus die mutter jhm hause/ die kinder auff der gassen/ den gemeinen mann auff dem marckt drumb fragen/ und den selbigen auff das maul sehen/ wie sie reden/ und darnach dolmetzschen/ so verstehen sie es den/ und mercken/ das man Deutsch mit jn redet." Luthers "verdeutschende" Übersetzungsmethode fokussierte mit der Forderung, "dem Volk aufs Maul zu sehen", auf die Zielsprache und die Zielkultur. Man nennt diese Übersetzungsstrategie auch "Domestizierung" oder "Einbürgerung".

Die ersten Gedanken zu einer eigenständigen "Übersetzungswissenschaft" stammen von Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher, Professor für Theologie an der Berliner Universität. Er forderte in seinem 1814 publizierten Aufsatz "Alte Literatur": "Überall sind Theorien bei uns an der Tagesordnung, aber noch ist keine von festen Ursätzen ausgehende, folgegleich und vollständig durchgeführte, Theorie der Übersetzungen erschienen (...): Nur Fragmente hat man aufgestellt und doch, so gewiss es eine Altertumswissenschaft gibt, so gewiss muss es auch eine Übersetzungswissenschaft geben." In seiner Abhandlung "Über die verschiedenen Methoden des Übersetzens" (1813), dem wichtigsten theoretischen Beitrag zum Übersetzen im deutschen Sprachraum im 19. Jahrhundert, sprach Schleiermacher Probleme an, mit denen sich eine Theorie des Übersetzens beschäftigen sollte, beispielsweise mit den unterschiedlichen Textgattungen, die an den Übersetzer unterschiedliche Anforderungen stellen. Schleiermacher unterschied erstmals zwischen dem Dolmetschen, das sich auf Texte des Geschäftslebens bezieht, und dem Übersetzen, das es mit Texten aus Wissenschaft und Kunst zu tun hat. Für ihn stellten Texte, in denen die Sprache nur Mittel ist, um Sachverhalte zu transportieren, andere Übersetzungsprobleme als Texte, in denen die Sprachform mit dem transportierten Inhalt eine Einheit höherer Ordnung bildet (künstlerische Texte). Anders als bei Sachtexten sei die "Textwirklichkeit" dichterischer und philosophischer Texte nicht an Gegenständen und Sachverhalten außerhalb der Textwirklichkeit mess- und eventuell korrigierbar. Deshalb betrachtete Schleiermacher Texte der Wissenschaft und Kunst als unübersetzbar.

Diese auch von Wilhelm von Humboldt vertretene Auffassung beschäftigt die Translationswissenschaft bis heute. Nach Schleiermacher muss dem Leser der "Geist der Sprache" des Originals auch in der Übersetzung vermittelt werden. Die Übersetzung hat sich nach Schleiermacher so weit wie möglich an der Sprache des Originals, also an der Ausgangssprache und Ausgangskultur, auszurichten. Diese Methode des "Verfremdens" kennzeichnet "eine Haltung der Sprache, die nicht nur nicht alltäglich ist, sondern die auch ahnen lässt, dass sie nicht ganz frei gewachsen, vielmehr zu einer fremden Ähnlichkeit hinübergebogen sei". Der Vorwurf der "Ungelenkheit" sei dabei in Kauf zu nehmen, denn anders ist der "Geist der Sprache" aus der Ausgangskultur nicht in die Zielkultur zu retten.

Wilhelm vom Humboldt beschäftigte sich im Vorwort zu seiner 1816 publizierten Übersetzung des "Agamemnon" von Aeschylos ebenfalls mit der übersetzerischen Verfremdung. Er unterschied zwischen "Fremdheit" und "Fremde": "Solange nicht die Fremdheit, sondern das Fremde gefühlt wird, hat die Uebersetzung ihre höchsten Zwecke erreicht; wo aber die Fremdheit an sich erscheint, und vielleicht gar das Fremde verdunkelt, da verräth der Uebersetzer, dass er seinem Original nicht gewachsen ist." Humboldt ging es ebenso wie Schleiermacher um Sprach- und Kulturerweiterung.

Übersetzer leben gefährlich

Heute gibt es unter den literarischen Übersetzern sowohl Anhänger der Verfremdung als auch Anhänger der Einbürgerung. Entscheidend ist, welches Ziel (Skopos) der Übersetzer favorisiert, ob er fremde Elemente in die Zielkultur einführen (verfremden) oder/und die Gedanken des Ausgangstextes für die Zielgruppe verständlich machen (einbürgern) will. Da Sprachnormen und Rezeptionsbedingungen permanenten Veränderungen unterliegen, verändert sich auch die sprachliche Herausforderung. Jeder übersetzte Text trägt bereits die Aufforderung zur Neuübersetzung in sich.

Auch Johann Wolfgang von Goethe verglich die beiden grundlegenden Übersetzungsprinzipien: "Es gibt zwei Übersetzungsmaximen: die eine verlangt, dass der Autor einer fremden Nation zu uns herüber gebracht werde, dergestalt, dass wir ihn als den Unsrigen ansehen können; die andere hingegen macht an uns die Forderung, dass wir uns zu dem Fremden hinüber begeben, und uns in seine Zustände, seine Sprachweise, seine Eigenheiten finden sollen." Beide Übersetzungsprinzipien haben etwas gemeinsam. Ob wir den Autor nun zu uns herüber oder ob wir uns zu ihm bringen – in jedem Fall müssen wir ans andere Ufer über-setzen.

Das ist riskant. Denn nicht jeder Übersetzer erreicht das Ufer. Der Beruf des Übersetzers ist ein gefährlicher Beruf, dessen Gefahren der Sprachphilosoph Martin Heidegger so formulierte: "Hier wird das Über setzen zu einem Über setzen an das andere Ufer, das kaum bekannt ist und jenseits eines breiten Stromes liegt. Da gibt es leicht eine Irrfahrt und zumeist endet sie mit einem Schiffbruch." Das Übersetzen hat also die Funktion einer Fähre oder bildet eine Brücke zwischen unterschiedlichen Sprachen, verschiedenen Kulturen, Ländern, manchmal auch Kontinenten. Für die slawischen Sprachen ist es vor allem die Brücke zwischen Ost- und Westeuropa.

Im Zusammenhang mit der Jahrtausende alten literarischen Übersetzungspraxis entstanden Reflexionen, die als vorwissenschaftliches Beschäftigen mit der Übersetzungstheorie gelten können. So machte der Dichter Christoph Friedrich Haug (1761–1829) sich und uns folgenden Reim auf die Übersetzung: "Kommt die Verdeutschung wohl heraus? – Ich zweifle nicht; Denn jeder Totschlag kommt ans Licht." Arthur Schopenhauer fand, die treue Übersetzung wirke meist tot und unnatürlich, eine freie Übersetzung hingegen sei oft eine falsche Übersetzung. Eine elegante Formel für den Streit zwischen Originaltreue und ästhetischer Wirkung stammt von Voltaire: Er verglich Übersetzungen mit Frauen, die entweder schön, dann aber nicht treu, oder treu, aber nicht schön seien. Aufgrund philologischer und anderweitiger Erfahrungen ahnen wir, dass Bonmots zwar den Kern eines Problems treffen, doch nicht die ganze Vielfalt des Lebens wiedergeben.

Eine erfrischende Mischung von Skepsis und Zuversicht vereinte Christian Morgenstern in seiner ironischen These: "In der übertriebenen Abneigung gegen schlechte Übersetzungen, gegen Übersetzungen überhaupt, liegt eine gewisse Verzärteltheit. Große Originale leuchten auch aus unbeholfenen Reproduktionen unzerstörbar hervor." Ebenfalls ermutigend wirkt die weise Bemerkung Goethes: "Was man auch von der Unzulänglichkeit des Übersetzens sagen mag, so ist und bleibt es doch eins der wichtigsten und würdigsten Geschäfte in dem allgemeinen Weltwesen."

Goethe, der selbst ein leidenschaftlicher Übersetzer war, sah die Grundfrage des Übersetzens nicht wie Voltaire in der Entscheidung zwischen treu oder schön, sondern zwischen wörtlich oder sinngemäß. Am Beispiel des Johannes-Prologs analysierte Goethe das Problem im "Faust" als "Übersetzungswissenschaft in Versen":

Mich drängts, den Grundtext aufzuschlagen,
Mit redlichem Gefühl einmal
Das heilige Original
In mein geliebtes Deutsch zu übertragen.

Geschrieben steht: "Im Anfang war das Wort!" (griech.: logos)  
Hier stock ich schon! Wer hilft mir weiter fort?
Ich kann das Wort so hoch unmöglich schätzen,
Ich muss es anders übersetzen.

Wenn ich vom Geiste recht erleuchtet bin.
Geschrieben steht: "Im Anfang war der Sinn."
Bedenke wohl die erste Zeile,
Dass deine Feder sich nicht übereile!

Ist es der Sinn, der alles wirkt und schafft?
Es sollte stehn: Im Anfang war die Kraft!
Doch, auch indem ich dieses niederschreibe,
Schon warnt mich was, dass ich dabei nicht bleibe.

Mir hilft der Geist! Auf einmal weiß ich Rat
Und schreib getrost: "Im Anfang war die Tat!

Mit diesem Faust-Zitat befinden wir uns mitten in der Problematik des Übersetzens. Es demonstriert die Möglichkeit, ein und dasselbe Wort mehrfach zu verstehen, zu empfinden, zu deuten – und dass es erforderlich ist, beim Eindeutschen fremder Texte nach Entsprechungen zu suchen, die weniger der unzuverlässigen Hülle, dem "Chamäleon Wort", folgen, sondern nach seinem Innenleben, nach dem Sinn trachten, der das Wort erfüllt, und nach dem Geist, der das Wort geprägt hat. Ein Wort kann unterschiedliche Bedeutungen besitzen. Welcher soll der Übersetzer treu sein? Schon Goethe wies darauf hin: Jede Übersetzung ist Interpretation.

Auf Befehl des Zaren

Interpretation birgt Gefahren – für den Text und für den Übersetzer. Der Übersetzer Etienne Dolet etwa wurde im Jahr 1546 wegen einer Übersetzung auf dem Scheiterhaufen verbrannt: Er hatte Sokrates die Worte in den Mund gelegt, dass nach dem Tod nichts mehr käme. Die Pariser Universität beschuldigten Dolet, die Unsterblichkeit der Seele in Frage gestellt zu haben und zwar durch Wörter, die im Original nicht zu erkennen seien. Doch Dolet hatte nicht Wort für Wort, sondern dem Sinn entsprechend übersetzt. Sein Grundsatz lautete: "Jene, die versuchen, Zeile für Zeile oder Vers für Vers zu übersetzen, sind Narren."

Dolets Übersetzungsprinzipien erwiesen sich als unsterblich. Nicht nur in Westeuropa, auch in Russland, wo sie 150 Jahre nach seinem Tod sogar zum "übersetzungstheoretischen Zarenbefehl" erhoben wurden: Peter I. sprach sich im Jahr 1709 gegen das wortwörtliche Übersetzen aus, weil es den Sinn verschleiere. Der Hauptsinn einer Übertragung läge darin, den russischen Leser mit dem Inhalt des Originals so vertraut zu machen, dass danach auch praktisch verfahren werden könne. In seinen Befehl an den Übersetzer Zotov hieß es: "Herr Zotov! Das Buch über die Befestigungsanlagen, welches Sie übersetzt haben, haben wir gelesen und finden, dass Sie die entsprechenden Erörterungen ziemlich gut und einfühlsam übertragen haben, aber wie man die Anlagen errichten soll, [...] das bleibt im dunklen und unverständlich. (...) in der Übersetzung sollte nicht Wort für Wort erhalten bleiben, sondern der Sinn genau erfasst und in unserer Sprache so verständlich wie möglich dargestellt werden." Die Translationswissenschaft nennt das heute eine "ziel"- oder "funktionsorientierte Translation".

Aktuelle Forschungsarbeiten unseres Seminars befassen sich unter anderem mit Grundproblemen des literarischen und kulturellen Übersetzens. Da kulturelle Übersetzungsprobleme häufig aus Differenzen zwischen Ausgangs- und Zielkultur resultieren, verbinden wir die Forschung zur Literaturübersetzung mit der Imagologie, dem Untersuchen von Selbst- und Fremdbildern von Kulturen, die unser Begegnen und unseren Umgang mit fremden Texten und deren Übersetzungen prägen. Das Erforschen von Übersetzungsprozessen, Kulturphänomenen, Identitäts- und Stereotypenbildungen, Selbst- und Fremdbildern von Kulturen, in denen sich historische und aktuelle Erfahrungen interkultureller Begegnungen zwischen Traditionsbezug und Modernisierung spiegeln, befördert den interkulturellen Dialog. Wie funktioniert nationale Identitätskonstruktion als Affinität zu fremden Kultur- und Zivilisationskonzepten und/oder als deren Abwehr? Taugen kulturhegemonial anmutende Termini wie "Europäisierung", "westernization" oder "Verwestlichung" überhaupt, um die Komplexität kultureller Übersetzungsvorgänge zu beschreiben? Diese Untersuchungen sollen die Zusammenhänge von Interpretation sowie sprachlicher und kultureller Übersetzung aufklären. Jede Übersetzung setzt das Interpretieren von Texten und Kulturen voraus: Übersetzung ist Kultur, und Kultur ist Übersetzung. Durch die Übersetzung entsteht ein neues kulturelles Potenzial, das Ausgangs- und Zielkultur miteinander verbindet. Im Bezogen-Sein auf andere Kulturen findet sich ein grundlegendes Charakteristikum jeder Kultur, die folglich nach dem Modell der Übersetzung beschrieben werden kann.

Kulturräume erweitern

Jede Kultur verarbeitet in ihrer historischen Entwicklung Übersetzungen aus anderen Kulturen. Daher sollte eine Geschichte der russischen Kultur als dauerhafte Schwelle zum westlich Anderen mit einem erweiterten Übersetzungsbegriff arbeiten. Neben dem Übersetzen unterschiedlicher Textsorten ist auch das Übertragen und Übersetzen kultureller Normen, Verhaltens- und Kleidungsmuster einzubeziehen. Das Untersuchen kultureller Übersetzungsprozesse erfasst das Besondere einer Kultur, weniger im Sinne einer positivistischen Faktensammlung oder einer ideologischen Klassifizierung, sondern unter dem Aspekt einer historisch vergleichenden Rekonstruktion kollektiver Bewusstseins- und Verhaltensmuster in ihrer sozialen Bedingtheit und ihrem besonderen symbolischen Ausdruck.

Als markantes Beispiel für Kulturübersetzungen von Westeuropa nach Russland können die Europäisierungsversuche Peters I. aufgefasst werden. Er zwang Russland ein drakonisches Modernisierungsprogramm auf, das westeuropäische Elemente importierte, um die technisch-zivilisatorische Verspätung Russlands aufzuholen. Peter I. erteilte kulturelle Übersetzungsaufträge. Selbst die russische Hauptstadt wurde an den finnischen Meerbusen "versetzt". Ein weiteres Beispiel für diese repressive Kultur-Übersetzung ist die von Peter I. erzwungene östliche Übersetzung eines westeuropäischen Kleidungs- und Frisurenstandards: Das Tragen eines Bartes symbolisierte die orthodoxe kirchliche Kultur der Epoche vor Peter I. Er stellte deshalb das Tragen von Bärten als Zeichen der Rückständigkeit Russlands per Gesetz unter Strafe. Wenn russische Adlige sich nicht willig zeigten, ihren Bart abzurasieren, griff Peter I. auch schon einmal selbst zur Schere, um die rückständigen "Europäisierungsunwilligen" mit Gewalt zum bartlosen Fortschritt zu zwingen. Das Bartverbot unter Peter I. wurde zum russischen Symbol für gewaltsamen Kulturtransfer. Den meisten Westeuropäern wird der weltberühmte Vollbart des Schriftstellers Lev Tolstoj lediglich als eigenartige Exotik, bestenfalls als Attribut männlicher Schönheit erscheinen. Kenner der russischen Kulturgeschichte aber verstehen den wilden Bartwuchs Tolstojs als kultur- semiotisches Symbol des Widerstandes gegen eine repressive Kulturübersetzung von West nach Ost.

Zum Thema der kulturellen Übersetzung hat Wilhelm von Humboldt einen wichtigen Leitgedanken zu Papier gebracht: "Die Verschiedenheit der Sprachen ist nicht eine von Zeichen, sondern eine Verschiedenheit der Weltansichten selbst (...) Die Erlernung einer fremden Sprache sollte daher die Gewinnung eines neuen Standpunkts in der bisherigen Weltansicht sein...".

Übersetzungen können trotz drohender interkultureller Schiffbrüche voneinander getrennte Ufer wieder zusammenführen. Übersetzungen vermögen Abgründe, Mauern und Grenzen zu überwinden, ob sie nun politischer, geographischer, historischer, ökonomischer oder ideologischer Natur sind. Übersetzen ist eine gefährliche, aber wirkungsmächtige Tätigkeit. Für die schöne und gleichzeitig treue Übersetzung gilt wohl, was für alle Ideale und Utopien gilt: In reiner Form sind sie kaum anzutreffen. Die Übersetzungstheorie formuliert dies recht trocken: "In gleicher Weise, wie das Verstehen eines Textes nie absolut sein kann, sondern immer nur relativ und veränderlich, ist auch die Übersetzbarkeit eines Textes immer relativ."

Jedes auch nur annähernd gelöste Übersetzungsproblem vermindert den Grad der Unübersetzbarkeit und ist ein Schritt auf dem Weg zur Utopie der vollkommenen Vermittlung des Originals, zur theoretisch wie praktisch unmöglichen "idealen Übersetzung". Die moderne Translationswissenschaft stärkt den Übersetzer und auch den Dolmetscher als autonom, selbst- und verantwortungsbewusst, der erlöst vom "Treuefetisch" dem Original dient, ihm aber nicht sklavisch unterliegt. Diese autonome Sichtweise spiegelt ein Buch des italienischen Semiotikprofessors, Autors und Übersetzers Umberto Eco, dem damit ein seltener Brückenschlag zwischen Theorie und Praxis des Übersetzens gelungen ist. Das genial ins Deutsche übersetzte Buch trägt den Titel: "Quasi dasselbe mit anderen Worten – Über das Übersetzen". 

Prof. Dr. Jekatherina Lebedewa studierte Slavistik, Romanistik, Anglistik, Dolmetsch-/Übersetzungs- und Literaturwissenschaft an der Humboldt-Universität zu Berlin. Sie promovierte über die kulturelle Bedeutung russischer Gitarrenlyrik im 19. und 20. Jahrhundert, übersetzt russische Lyrik, Prosa und Dramatik für Verlage und Theater und habilitierte sich an der Europa-Universität Viadrina Frankfurt (Oder) zum Thema "Russisches Slawophilentum des 19. Jahrhunderts als Kulturphänomen". Seit dem Jahr 2004 hat sie die Professur für Übersetzungswissenschaft Russisch am Seminar für Übersetzen und Dolmetschen der Univerisität
Heidelberg inne.


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