Nieve de Londres
Robert Bridges - 1844-1930
Cuando todos los hombres estaban dormidos la nieve llegó volando,
En grandes blancos copos cayendo sobre el marrón de la ciudad,
Furtiva- y perpetuamente asentándose y yaciendo desordenada,
Acallando el tráfico tardío de la ciudad soñolienta;
Amortiguando, suavizando, sofocando sus murmullos que fallan;
Perezosa- e incesantemente flotando hacia abajo y abajo:
Silenciosamente tamizando y cubriendo con un velo techo, camino y rieles;
Escondiendo diferencia, haciendo planas las desigualdades,
Hacia ángulos y resquicios suavemente fluyendo y navegando.
Toda la noche cayó, y cuando siete pulgadas llena
Yace en la profundidad de su levedad no compacta,
Las nubes fueron sopladas de un cielo alto y congelado;
Y todo se despertó más temprano por el inusual brillo
Del alba invernal, el extraño resplandor no celestial:
El ojo se maravilló - maravillado en la blancura deslumbrante;
El oído escuchó el silencio del aire solemne;
Ningún sonido de rueda retumbando ni de pie cayendo,
Y los atareados gritos matinales llegaron tenues y escasos.
Luego escuché chicos, cuando iban a la escuela, exclamando,
Recolectaban el maná de cristal para congelar
Sus lenguas con el degustar, sus manos al hacer bolas de nieve;
O amotinarse en un montón de nieve, sumergidos hasta las rodillas;
O mirar desde debajo del prodigio de musgo blanco,
"¡Oh, miren los árboles!", gritaron. "¡Oh, miren los árboles!"
Con carga aminorada unos pocos carros crujen y tropiezan,
Siguiendo a lo largo de la blanca vía desierta,
Una compañía del campo dispersa hace tiempo se separa:
Cuando ahora ya el sol, en pálido despliegue
Estando por el alto domo de San Pablo, hacia abajo lejos esparce
Sus rayos centelleantes, y despertó el revuelo del día.
Por ahora puertas abiertas, y la guerra es remunerada con la nieve;
Y trenes de hombres sombríos, cuento pasado de número,
Pisan largos pardos senderos, cuando a su brega van:
Pero incluso para ellos por un rato cuidado alguno obstruye
Sus mentes distraídas; la palabra diaria no está dicha,
Los diarios pensamientos de trabajo y pena se duermen
A la vista de la belleza que los saluda, por el encanto que han roto.
He querido comenzar mis reflexiones en dos partes (o tres) sobre mi ya lejana experiencia con la nieve con este poema, por ser la aparente inspiración de una hermosa, casi mística pieza musical de Tim Story, músico conocido desde tiempos del auge de la llamada música New Age, en los años 80s, cuyos álbumes me han acompañado toda mi vida desde entonces. La pieza musical, llamada Asleep the Snow came flying, toma al parecer su título de la primera línea del poema arriba transcrito, y cuya traducción es mía.
Y quiero incluirla aquí:
Y aquí dejo el texto original en inglés:
London Snow
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