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Diarios: Recuerdos del propio yo - una nueva traducción

 Folgender Artikel wurde ursprünglich in der Zeitschrift Psychologie Heute 2014 veröffentlicht. Die Autorin, Christine Weber-Hertfort, Jahrgang 1944 und wohnhaft in Itzehoe, schreibt seit Jahren (vielleicht sogar Jahrzehnten) Artikel und Rezensionen in Zeitungen, Zeitschriften und Webseiten.  Das Thema in diesem Artikel:  Tagebücher und ihre Bedetung als Zeitzeugen, Erkenntnis- und Heilungswerkzeugen im emotionalen und psychischen Leben der Menschen.

Selbstverständlich liegen sämtliche Rechte bei der Autorin - und bei der Zeitschrift, die ihre Artikel und Rezensionen immernoch bis heute (die letzte nämlich von vorgestern, 14.02.2024) veröffentlicht.

 

Und nun zum Artikel, den ich sehr gerne übersetzt habe:

 

 

 

 

 

CHRISTINE WEBER-HERFORT


DIARIOS: RECUERDOS DEL PROPIO YO


Para muchas personas todo queda en un buen propósito. Algunos sin embargo, logran llevar un diario con más o menos regularidad. El “peinado diario del alma” es una estrategia útil para poder asimilar mejor vivencias críticas, y tiene otra ventaja:  hace surgir una reliquia de la propia vida pasada



Tagebuch, la palabra alemana para Diario.  Este hermoso Tagebuchheft, tamaño DIN-A5 y fabricado por la tradicional empresa de papelería Huber & Lerner de Viena, Austria, cuesta 75 Euros.  (Fuente:  huber-lerner.at)


 

 

Una persona se sienta y escribe. No escribe para cumplir alguna tarea que tenga en mente o se haya impuesto, sino para sí mismo, sin un propósito claramente reconocible”, escrib Charlotte Bühler (1892-1974), pionera de la investigación sobre los diarios y de la psicología del desarrollo, en el año 1925. Ella recopiló e interpretó diarios de personas jóvenes y de esa forma creyó obtener un vistazo a la situación psíquica de toda una generación.

Pero, ¿hallamos con la ayuda de un diario acceso directo al mundo interior del ser humano, es un espejo de nuestra alma? El psicoanalista Siegfried Bernfeld (1892 a 1953), autor de un primer y hasta ahora fundamental examen a la investigación de los diarios, contradice esa interpretación. Él advierte de contemplar de modo no crítico al diario como una fuente verdadera; para él es expresión de un tiempo determinado, de un estado de ánimo determinado.


La redacción de diarios tiene una larga historia: empezando con la crónica o los libros de cuentas de casa de la Edad Media, hasta los “diarios de autointerpretación” que en el siglo XVII reflejaban el estado de ánimo puritano-pietista. “Se trataba de practicar la autoacusación, confesarse, superarse a sí mismo”, escribe Rüdiger Görner en su monografía sobre el diario. Él constata en el siglo XVIII una nueva tendencia a la autoobservación en el diario, para luego, a partir del siglo XIX, distinguir la transformación de la redacción de diarios hasta la internalización e investigación del ser actual e individual.


Muy en ese sentido, para Siegfried Bernfeld, que buscaba fundamentar con elementos de las ciencias naturales y sociales las enseñanzas de Freud, un diario tampoco representa en primera línea los intereses de su redactor. Antes bien, todo redactor tiene una concepción propia del diario, que se refleja en las entradas. Bernfeld ve estrechamente unidos la forma y el contenido del diario.


El intento de Bernfeld de hacer al diario como fenómeno cultural objeto de investigaciones psicológicas, no fue continuado hasta hoy”, critica Alexander Kochinka, investigador de las emociones en la universidad en Hannover, que con sus investigaciones y análisis de diarios se adhiere a la especialidad de Bernfeld. Para él no se trata sólo y no siempre de la veracidad de lo escrito, sino en una comprensión de los significados; por ejemplo, en el análisis del siguiente extracto de un diario: “Me parece tan dulce de su parte que no me haya besado, aunque él quería tanto hacerlo, sólo porque él sabía que no querría ser besada por él.” Kochinka se interesa aquí menos por la cuestión “de si la joven redactora esconde de sí misma que en realidad sí quiere ser besada. Lo interesante en este hallazgo es para mí el cambio de perspectivas y la creciente complejidad del pensar de la joven redactora.” Así, el investigador intenta no quedarse detenido en la verdad fáctica del extracto del diario, sino desgranar el contenido de lo escrito.


Pero, ¿porqué una persona se sienta y escribe? Charlotte Bühler creía que, en el diario, se quiere “preservar vivencias” o que al redactor lo preocupa el deseo de “poner ante sus ojos de forma explícita y justificar sus acciones”, la mayoría de las veces, sin embargo, es para entablar “un diálogo consigo mismo”.


También el investigador de diarios Alexander Kochinka permanece más bien vago ante la pregunta del porqué. “¿Quizá para conocerse a sí mismo? En el diario se quiere objetivizar, hacer disponible, dejar huellas, esclarecer sentimientos ambivalentes.” Sin embargo, el motivo por el cual alguien empieza a escribir no siempre se puede equiparar con la función que luego la escritura posiblemente cumpla. No obstante, alguna función habrá de cumplir el diario para su redactor, “aun cuando no tengamos muy en claro cuál función es – como en todo el obrar humano.”


La psicóloga del desarrollo Inge Seiffge-Krenke nombra en una investigación cinco funciones principales que cumple la redacción de diarios: Memoria, descarga emocional, autointegración, autocrítica así como la función del diario como confidente. La profesora ha encontrado que llevar un diario es una necesidad predominantemente femenina, en especial de la juventud. En el grupo de los de 15 a 24 años de edad, 22 % de los hombres y 70 % de las mujeres ya han llevado un diario alguna vez. Seiffge-Krenke llega a la conclusión de que entre los escritores de diario, en comparación con sus coetáneos que no escriben, se trata de una selección positiva: “esos jóvenes se caracterizan por mayores valores de creatividad y mayores capacidades para asumir roles.” En los procesos de autoexamen que generan inseguridad entre los jóvenes, el diario como interlocutor es sumamente importante, en especial cuando fallaron amigos confiables o modelos adultos.


También para la psicóloga Elisabeth Mardorf, que analiza el fenómeno del diario y que llevó a cabo muchas entrevistas con diaristas, su primer diario fue una amiga querida, una confidente. Lo dirigía a una “Daniela”, para contarle de su primer amor secreto por Daniel. “Así logré conocer y ordenar mejor mis sentimientos”, cuenta la terapeuta, que ve en la redacción de diarios una importante ayuda en el desarrollo de la personalidad y lo emplea con sus clientes como un medio para la solución de problemas – y ello independientemente de la edad. Aún hoy día la psicóloga escribe diariamente. Ella experimenta ese procedimiento creativo como una especie de autoterapia para procesar pensamientos y sentimientos. Ella está convencida: “Ningún terapeuta puede reemplazar en una persona el autoconocimiento que se gana mediante la confrontación honesta consigo mismo.” La percepción de las propias sombras y debilidades, y finalmente también la integración de esos puntos negros en la imagen de sí, es parte del desarrollo humano. “Alguien que es honesto, también al escribir un diario, tarde o temprano construye una distancia irónica para consigo mismo. Pues tomarse en serio a sí mismo en la escritura por un largo período de tiempo lleva paradójicamente a que ya no se pueda tomar todo tan en serio, porque al releer se le pone a uno un espejo frente a la cara. Y él muestra implacable los puntos ciegos.”


También la psicóloga Inge Detlefsen aprecia la escritura de diarios y sus efectos sanadores. “Para mí personalmente escribir diarios es una forma de sacar algo de mí. Cuando siento que la presión interior se vuelve tan grande, me reboso -hablando en modo figurado- emocionalmente, mi sentimiento se vuelve tan fuerte que necesita una válvula para la depuración, entonces escribo un diario. Para mí no se trata de si lo que escribo es correcto o es verdad. Escribo lo que estoy pensando, también lo que no quiero o no puedo decir a otros. Así que escribo sin reservas.” Escribir ralentiza la dinámica interior. Eso no tiene nada que ver con procesamiento, en primer lugar es una descarga.

En su trabajo en una oficina de asesoría familiar, ofrece también a sus clientes la escritura de diarios como una posibilidad de soltar presión y dejar fluir los pensamientos. A menudo después ese diario de las emociones termina hundido en un rincón de un estante, “pero también puede a menudo suceder, que vuelve a ser importante”, así dice Inge Detlefsen. Cuando p. ej., se preparaba el 30 aniversario de la fundación de una Casa de mujeres en Hamburgo, surgió el deseo de repasar la fase de fundación. “Acudieron a mí, y recordé que había escrito un diario en aquel entonces. Pude desempolvar un viejo cuaderno de diario con el título Una semana de casa de mujeres, y así volver a despertar los sentimientos de entonces. Escribí de forma muy caótica, como era el tiempo entonces. Se vuelve clara una exigencia excesiva que experimentábamos, surgida de nuestra pretensión de cambiar la sociedad y de ayudar.”


Pero el diario parece no sólo jugar un papel importante en el procesamiento de emociones fuertes. “La crisis personal o también la crisis de personas que tienen que vivir en tiempos inseguros, como el de un mundo que cambia de modo rasante, requiere un medio de autopreservación.” Para ello el diario es especialmente apropiado, escribe Doris Niemeyer en su estudio sobre el diario femenino como forma de resistencia y superviviencia. También para Rolf Haubl, psicólogo social y director del Instituto Sigmund Freud, los diarios forman parte “del repertorio de estrategias psíquicas para procesar eventos críticos de la vida”. En la adolescencia servían a la construcción de una imagen coherente de uno mismo, “que es lo que hace posible la acción de sentimientos seguros en el encuentro con personas de la misma edad y del sexo opuesto”.


Pero la pregunta de si puede ser probado científicamente que el diario puede ayudar a todas las personas en el procesamiento de sus problemas cotidianos está sin esclarecer, como enfatiza el investigador de las emociones Alexander Kochinka. La tesis de que la redacción de diarios sirva para lidiar (coping) con la vida , no se puede generalizar. Se tiene que examinar paso a paso cuáles funciones cumple el diario para el que lo escribe. No siempre se puede asumir que el diario tenga un efecto sanador. “El diario puede tener un efecto sanador. Pero yo distinguiría, p. ej., entre el efecto sanador de escribir un diario y el efecto sanador que puede surgir más adelante, cuando uno vuelve a leer sus diarios y puede resumir su vida.”


La periodista Lore Walb relata de forma impresionante un semejante proceso, a la postre sanador, del recuerdo, a través de sus diarios de juventud. La directora de la radio de mujeres de la radiodifusión bávara, pensionada en 1979, se había propuesto dedicarle de nuevo tiempo a sus diarios juveniles al llegar a la jubilación. Hasta allí vivía en la certeza de que había pasado su infancia y juventud sin daños por la ideología nacionalsocialista. Ni sus cartas de aquella época ni conversaciones con personas de su edad alimentaban duda alguna. Más bien despreocupada, “igual que un buscador de tesoros, me puse en camino a la cueva de los recuerdos”, así describe Lore Walb el comienzo de un proceso de descubrimiento interior. Pero pronto se entera por su diario de cuán cautivada estaba por el espíritu de la época nazi, “abrumada por la propaganda, fascinada por la figura del Führer”. Tras el atentado contra Hitler en el Bürgerbräukeller de Munich en 1939, escribe, p. ej., que la providencia protegió al Führer, el “Señor Dios no puede permitir semejante injusticia. Después de ese hecho, el amor a nuestro Führer se ha vuelto aún más grande.” Ése es un pasaje particularmente doloroso en su diario, según la periodista, tan agobiante, porque ella expresa su identificación total con el Führer, “un aparentemente grandioso desprendimiento, correspondiente a la actitud íntima: Yo no soy nada, el Führer lo es todo”. Ella tiene que reconocer que miró para otro lado cuando los judíos de su ciudad fueron primero maltratados y luego deportados. Ella puede leer que utilizaba una jerigonza racista, como cuando calificaba a los franceses como “un pueblo racialmente no impecable”.

Inmediatamente tras la guerra comencé a limpiar mi pasado”, escribe Walb. Al final la otrora miembro del partido se preguntaba si alguna vez había estado en el partido, “máxime cuando entre mis documentos cuidadosamente preservados no se encuentra ninguna prueba de ello. La represión fue perfecta. Ya no tenía acceso a esos cajones interiores.” Ella se había dividido en una mitad en lo privado humana, y en otra en lo político antihumana, tal y como lo había interpretado el escritor Ralph Giordano. Sólo la confrontación con sus diarios hizo posible la reapropriación afectiva de su hundida historia de vida. “Así logré recuperar una totalidad.”


Recuperar la totalidad, fortalecer la identidad, cultivar un trato crítico-reflexivo consigo mismo, el diario ofrece una esfera favorable para ello, escribe Rüdiger Görner en su tratado sobre el fenómeno del diario. “De ese modo, el diario puede hacer una contribución realmente importante, desde el punto de vista de la psicología del desarrollo, a la construcción de la personalidad: Como parte de la privacidad de una persona con tendencia a la reflexión, el diario es capaz de amortiguar agresiones, procesar miedos, sí, incluso reforzar la confianza en sí mismo.”


Y puede liberar creatividad, como en el caso de la periodista Patrizia Held. Cada mañana, cuando esposo e hijo todavía están en sus camas, la germanista se sienta en su escritorio y llena de tres a seis páginas en su diario. “Es un ritual muy importante para mí. Esos primeros minutos del día me pertenecen.” Escribir: sin pausa, sin motivo concreto, “simplemente lo que toca. A veces basura cotidiana, a veces conflictos, a veces el esfuerzo de establecer prioridades en la vida o en el día siguiente, estructurarse”. En una encrucijada difícil, “cuando se trataba de superar el día a día en la redacción y mis deberes como mujer de familia y cuidadora de ancianos, tenía la sensación de perder mi propia creatividad”. Luego asistió a un curso de “escritura creativa” y conservó la redacción de “páginas matinales”. “Éso me ha aportado mucho. He retomado el hilo creativo de mi vida, me pude liberar de dudas en decisiones vitales difíciles. Obtuve fuerza para el día. Y aprendí: los problemas se resuelven al escribir.”


Helga, una compañera de entrevista de la psicóloga Elisabeth Mardorf, califica a ese procedimiento como “limpieza de alma” diaria. Escribir puede convertirse en una necesidad diaria, en costumbre amada o también molesta. Esa escritura ritualizada, atada firmemente al transcurso del día ya la había analizado el investigador de diarios Siegfried Bernfeld en 1931. A él le interesaba la costumbre de un escritor que escribía su diario todos los días desde los doce años, pero que ya con cincuenta no podía reconocer ningún propósito racional en ese ejercicio, que ya le era más bien molesto. El motivo para el ritual infantil fue la muerte de su padre y el duelo por la pérdida de su interlocutor. “Todavía hoy escribe en un papel semejante al que halló en el escritorio de su padre.” De esa manera procesaba la pérdida de las conversaciones con su padre. El diario como medio de procesamiento se mantuvo y sirvió más tarde para procesar exigencias animicas que se habían vuelto inconscientes o se habían reprimido.


Para Bernfeld, el diario tiene un valor como “reliquia de la propia vida pasada”. Por la naturaleza del asunto, sólo podríamos conservar poco de nuestra vida anímica pasada, aquí el diario tiene una ventaja importante. En cierto sentido, él equivale a un retrato de nuestra época anterior. Pero en la medida en la que nosotros, haciéndonos mayores, no sólo nos alejamos de nuestra personalidad de entonces, “sino que realmente nos volvemos ajenos a ella, y estamos ante ella como frente a otra persona, con la que en su tiempo nos unía simpatía, amistad o amor, el diario se convierte en el recuerdo de aquel amigo de otrora: Yo años atrás”.

 

 

 

 

 


 

 

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